El cobre verde necesita moléculas verdes

Por Dafne Pino Riffo, exseremi de Energía de Antofagasta

OPINIÓN

“Resulta tan relevante avanzar en la discusión de la propuesta de ley de incentivo al consumo interno de hidrógeno verde (…), (lo que) puede transformarse en una señal concreta para acelerar pilotos”, promover demanda temprana, reducir riesgos tecnológicos y permitir que sectores como minería, transporte y logística comiencen a incorporar soluciones reales de descarbonización”.

Chile ha avanzado más rápido de lo que muchas veces reconocemos. En pocos años, la gran minería pasó de depender principalmente de combustibles fósiles para su suministro eléctrico a operar crecientemente con energías renovables. El norte de Chile, particularmente Antofagasta, se transformó en uno de los territorios con mayor penetración solar del planeta y en un referente internacional de transición energética aplicada a la industria minera.

Ese avance no es menor. Según cifras recientes de Cochilco, cerca del 78% de la electricidad utilizada actualmente por la minería del cobre en Chile ya proviene de fuentes renovables, y las proyecciones indican que esa cifra podría acercarse al 100% hacia el final de la década. Es un cambio estructural que hace solo algunos años parecía improbable.

 

“existe un desafío igual o incluso más estratégico que sigue pendiente:

reemplazar el consumo de combustibles fósiles en los procesos industriales,

el transporte pesado y la logística asociada a la minería”

 

Pero mientras la discusión pública suele concentrarse en la generación eléctrica, existe un desafío igual o incluso más estratégico que sigue pendiente: reemplazar el consumo de combustibles fósiles en los procesos industriales, el transporte pesado y la logística asociada a la minería.

Porque el futuro del cobre no se jugará solamente en cuánto producimos, sino también en cómo lo producimos.

 

“Los mercados internacionales avanzan hacia exigencias crecientes de

trazabilidad, huella de carbono y estándares ambientales”

 

La competencia global ya comenzó a cambiar. Los mercados internacionales avanzan hacia exigencias crecientes de trazabilidad, huella de carbono y estándares ambientales. En ese escenario, producir cobre con baja intensidad de emisiones podría transformarse en una ventaja competitiva tan importante como la ley del mineral o la capacidad logística.

 

Pero, además, la discusión ya no es únicamente ambiental. También es geopolítica.

Las tensiones internacionales de los últimos años —desde la guerra en Ucrania hasta los conflictos en Medio Oriente y las disputas comerciales entre grandes potencias— han demostrado la fragilidad de depender de combustibles fósiles importados y de cadenas globales altamente expuestas a crisis externas. Cada alza abrupta del petróleo o interrupción logística impacta directamente en costos operacionales, inflación y competitividad industrial.

 

Y Chile no está ajeno a esa vulnerabilidad.

 

La minería aún consume grandes volúmenes de diésel y otros combustibles fósiles en camiones de extracción, transporte marítimo, procesos térmicos y distintas operaciones industriales. Incluso en una minería altamente electrificada, persisten áreas difíciles de descarbonizar donde la electricidad, por sí sola, no siempre logra resolver el problema.

 

Es precisamente en esos espacios donde el hidrógeno verde y sus derivados —como el amoníaco verde o los combustibles sintéticos— pueden marcar una diferencia estructural.

No se trata únicamente de reemplazar combustibles. Se trata también de avanzar hacia una mayor autonomía energética y reducir la dependencia de combustibles importados cuyos precios y disponibilidad quedan expuestos a conflictos geopolíticos que Chile no controla.

 

Para un país minero y exportador como el nuestro, esa estabilidad no es un detalle técnico: es una condición estratégica de competitividad.

 

“corredores marítimos verdes, puertos de abastecimiento para buques

impulsados con amoníaco verde, encadenamientos industriales, servicios

tecnológicos y nuevas exportaciones con valor agregado “made in Chile’”

 

El norte de Chile posee condiciones excepcionales para producir energéticos verdes a gran escala. Y esa capacidad no solo podría abastecer parte de las necesidades futuras de la minería, sino también abrir oportunidades completamente nuevas: corredores marítimos verdes, puertos de abastecimiento para buques impulsados con amoníaco verde, encadenamientos industriales, servicios tecnológicos y nuevas exportaciones con valor agregado “made in Chile”.

 

En otras palabras, la transición energética puede convertirse también en una estrategia de diversificación económica y soberanía energética.

Pero para que ese futuro ocurra, no basta con anunciar megaproyectos orientados exclusivamente a exportación. Chile también necesita construir mercado interno, aprendizaje industrial e infraestructura local.

 

“resulta tan relevante avanzar en la discusión de la propuesta de ley

de incentivo al consumo interno de hidrógeno verde (…), (lo que) puede

transformarse en una señal concreta para acelerar pilotos, promover

demanda temprana, reducir riesgos tecnológicos”

 

Por eso resulta tan relevante avanzar en la discusión de la propuesta de ley de incentivo al consumo interno de hidrógeno verde. Esa iniciativa puede transformarse en una señal concreta para acelerar pilotos, promover demanda temprana, reducir riesgos tecnológicos y permitir que sectores como minería, transporte y logística comiencen a incorporar soluciones reales de descarbonización.

Postergar indefinidamente esta discusión significa ceder tiempo, capacidades y competitividad frente a países que ya avanzan agresivamente hacia mercados carbono neutrales y estrategias de autonomía energética.

 

Chile tiene condiciones excepcionales. Tiene radiación solar, capacidades técnicas, industria minera, infraestructura portuaria y conocimiento acumulado. Pero, sobre todo, tiene la oportunidad de demostrar que la transición energética no consiste únicamente en producir electricidad limpia, sino en construir una nueva etapa de desarrollo industrial, resiliencia y competitividad para el país.

Porque el cobre verde no dependerá solo de electrones renovables. También necesitará moléculas verdes.

Colaboración de:

Dafne Pino Riffo, exseremi de Energía de Antofagasta

Gerenta de Negocios en Turbomaquinas

Partners

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