Ley de eficiencia energética: Un paso muy esperado

“Si bien la mejora o el hecho de ser más eficientes, puede en principio reducir la demanda de energía y aportar con ello a la sostenibilidad, el desafío puede estar aún presente, y éste es implementarla sin incentivar involuntariamente un mayor consumo (ahí la paradoja)”.

 

 

 

Dr. Héctor Valdés-González

Director de Postgrados y Educación Continua de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo

Eficiencia energética es un concepto que tradicionalmente ha inspirado el desarrollo de las ciencias y de la ingeniería, y posee en su esencia, una idea tradicional propia de este tipo de disciplinas, y con ello referimos a la “eficiencia”.  Pero no es solo eficiencia por sí misma, se trata también del empuje de conceptos como la sostenibilidad, la sustentabilidad y ser amigables con la naturaleza que posicionan la necesidad de ser eficientes energéticamente. Resulta así una paradoja que con nuevos marcos regulatorios a nivel global (cada país instaura o adapta regulaciones según sus propias visiones, comprensiones y necesidades), los ahorros o mejoras en eficiencia energética, son rápidamente conducidos hacia la expansión de la producción o el consumo, expansión que naturalmente posee y poseerá impactos sobre el uso de la energía. Por lo tanto, si bien la mejora o el hecho de ser más eficientes, puede en principio reducir la demanda de energía y aportar con ello a la sostenibilidad, el desafío puede estar aún presente, y este es implementarla sin incentivar involuntariamente un mayor consumo (ahí la paradoja).


Resulta así una paradoja que con nuevos marcos regulatorios

a nivel global (cada país instaura o adapta regulaciones según

sus propias visiones, comprensiones y necesidades), los ahorros

o mejoras en eficiencia energética, son rápidamente conducidos

hacia la expansión de la producción o el consumo, expansión que naturalmente posee y poseerá impactos sobre el uso de la energía.


Relacionar entonces, las políticas de eficiencia energética y el consumo de energía a nivel país requieren de la evaluación de todo principio o entorno de modernidad que vincule el desarrollo tecnológico y los impactos sobre la ecología, lo que sugiere  a su vez, que las sociedades, como la nuestra, en vías de desarrollo, deben aprovechar la tecnología, incluidas las innovaciones y políticas de eficiencia que se instauren, para limitar las demandas humanas y los impactos en la naturaleza sin requerir ello de un freno innecesario para el crecimiento económico. ¡Todo lo cual resulta muy desafiante de cara a un futuro que se acerca a pasos agigantados!


¿Y cómo lo estamos haciendo en Chile? Parece que vamos en la vía correcta, pues luego de un par de años de tramitación en el Congreso, el proyecto de Ley de Eficiencia Energética ya es una realidad, lo que incentivará a todos los actores del mercado a usar la energía de manera eficiente, generando ahorros y convirtiéndose así en un apoyo para otra materia fundamental, “el cambio climático”. Dicho cuerpo regulatorio, que promueve el uso racional y eficiente de los recursos energéticos, contribuirá a mejorar de la productividad, la calidad de vida y permitirá contribuir a la reducción de emisiones de contaminantes (se estiman cerca de 30 millones de toneladas de CO2), con reducciones esperadas en energía de un 10% al 2030. El equivalente del impacto esperado de esta ley es hoy por hoy, el equivalente a reducir recorridos de vehículos por millones y a salvar millones de hectáreas de bosque. 


Dicho cuerpo regulatorio, que promueve el uso racional y

eficiente de los recursos energéticos, contribuirá a mejorar

de la productividad, la calidad de vida y permitirá contribuir a

la reducción de emisiones de contaminantes (se estiman cerca

de 30 millones de toneladas de CO2), con reducciones esperadas

en energía de un 10% al 2030.


Este flamante cuerpo regulatorio, nos pone en la senda del desarrollo al institucionalizar la eficiencia energética, normar la gestión energética de grandes consumidores, establecer una calificación energética de edificaciones, proponer estándares de eficiencia para vehículos, regular la gestión de energía en el sector público, la interoperabilidad para vehículos eléctricos, la depreciación acelerada para vehículos eléctricos y normativa hidrógeno como la energía del futuro. ¿Qué duda cabe que el paso era necesario?

Esta transición, ahora mejor regulada, de aplicarse adecuadamente las medidas contempladas en la ley al 2030, requiere de la participación comprometida de todas las partes interesadas y en especial de los chilenos, de otro modo podría convertirse en letra muerta muy pronto. Se requiere entonces de un apoyo que debe ir más allá de la aceptación social de la ley y su marco regulatorio, venciendo toda actitud pasiva, considerando factores sociales y propiciando la voluntad de utilizar fuentes de energía renovables (proceso complejo, vivo y resistente al cambio).


Se sugiere considerar entonces, para aplicar adecuadamente el nuevo marco, no centrarse solo en los factores técnicos y económicos de la transición, sino considerar a las personas, sus decisiones y qué factores influyen en esas decisiones. Investigaciones recientes, muestran el dominio de la racionalidad económica, y las preocupaciones sobre precios de la energía y los impactos socioeconómicos de la transición hacia la eficiencia energética por sobre otras preocupaciones como la protección del medio ambiente, la aceptación social y las implicaciones que dicho cuerpo normativo tiene para las personas. Sigue presente entonces la paradoja.



Óscar Falcón, VP y director Latam Power Black&Veatch

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Ejecutivo destacó los beneficios de la recientemente aprobada Ley de Eficiencia Energética para el país y la región, así como también de la estabilidad política y económica de Chile para desarrollar grandes proyectos de infraestructura, pese a los últimos acontecimientos sociales y sanitarios.

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La iniciativa contempla, además, la utilización de desechos industriales para generar biogás y las ventajas del modelo ESCO para su implementación.

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