Cynthia Torres Godoy, directora ejecutiva del Centro Integrado de Pilotaje de Tecnologías Mineras (CIPTEMIN)
OPINIÓN
Aquí, el rol de CIPTEMIN será estratégico (…). Esto es especialmente relevante cuando se trata de minería secundaria, donde la confianza en los procesos, la gestión de riesgos y la demostración de impactos ambientales positivos son determinantes para atraer inversión y escalar soluciones.
La transición energética global está redefiniendo el mapa de los minerales estratégicos. Más allá del cobre y el litio, el cobalto se ha convertido en un insumo crítico para el desarrollo de baterías de ion-litio, sistemas de almacenamiento energético y múltiples tecnologías asociadas a la electromovilidad y la digitalización. En este contexto, Chile enfrenta una oportunidad poco visible, pero de alto impacto: transformar pasivos ambientales mineros en una nueva fuente de valor productivo, tecnológico y ambiental.
Nuestro país concentra casi 800 depósitos de relaves y desechos mineros, que en conjunto superan los 1.000 millones de toneladas y contienen elementos críticos como cobalto, tierras raras o germanio. Si bien Chile no cuenta hoy con faenas dedicadas exclusivamente a la extracción de cobalto, diversos estudios indican que el potencial de recuperación desde relaves permitiría producir hasta 15.000 toneladas anuales, cifra que podría escalar aún más si se integran procesos asociados a la minería primaria. Este escenario no solo abre una opción concreta de diversificación de la industria, sino que también permite avanzar en la remediación de pasivos ambientales mineros.
“Si bien Chile no cuenta hoy con faenas dedicadas exclusivamente a la
extracción de cobalto, diversos estudios indican que el potencial de
recuperación desde relaves permitiría producir hasta 15.000 toneladas
anuales”
La reciente adjudicación de proyectos del programa “Desafíos de I+D para el Desarrollo Productivo Sostenible”, impulsado por Corfo, marca un punto de inflexión en esta materia. En particular, el proyecto orientado a la recuperación de cobalto desde residuos mineros mediante procesos limpios, liderado por la Universidad Andrés Bello junto a Pucobre, ENAMI y BALTUM, incorpora el concepto de “cobalto verde”, basado en biolixiviación bacteriana optimizada y validación semiindustrial en la Región de Atacama. Se trata de una iniciativa que no solo apunta a recuperar un metal crítico, sino a hacerlo bajo estándares de sostenibilidad, menor consumo hídrico, reducción significativa de energía y menor uso de reactivos químicos.
“Hoy, más del 70% de la producción mundial de cobalto proviene de la
República Democrática del Congo, lo que ha abierto un debate internacional
sobre trazabilidad, impactos sociales y estándares ambientales”
Desde la perspectiva de la innovación aplicada, el desafío no está únicamente en demostrar la viabilidad técnica de estas soluciones, sino en lograr su escalamiento industrial, su competitividad económica y su inserción en cadenas de valor globales altamente concentradas. Hoy, más del 70% de la producción mundial de cobalto proviene de la República Democrática del Congo, lo que ha abierto un debate internacional sobre trazabilidad, impactos sociales y estándares ambientales. En ese escenario, la posibilidad de ofrecer cobalto producido bajo procesos limpios, trazables y con validación tecnológica representa una ventaja estratégica para Chile.
“Es especialmente relevante cuando se trata de minería secundaria, donde la confianza en los procesos, la gestión de riesgos y la demostración de impactos ambientales positivos”
Aquí, el rol de CIPTEMIN será estratégico, ya que permitirá acortar la brecha entre investigación y aplicación industrial, facilitando procesos de pilotaje, validación tecnológica y evaluación técnico-económica en condiciones reales. Esto es especialmente relevante cuando se trata de minería secundaria, donde la confianza en los procesos, la gestión de riesgos y la demostración de impactos ambientales positivos son determinantes para atraer inversión y escalar soluciones.
El desarrollo del cobalto verde no debe entenderse como un esfuerzo aislado, sino como parte de una estrategia más amplia de economía circular minera, innovación tecnológica y sofisticación productiva. Avanzar en esta dirección implica fortalecer capacidades locales, articular consorcios público-privados, y consolidar una visión país que permita a Chile no solo exportar recursos naturales, sino también conocimiento, tecnología y soluciones para una minería más sostenible.
En un contexto global que demanda minerales críticos producidos con mayores estándares ambientales y sociales, iniciativas como esta permiten proyectar una minería alineada con los desafíos del siglo XXI. El cobalto verde representa, en ese sentido, una oportunidad concreta para demostrar que la sostenibilidad, la innovación y el desarrollo productivo no solo son compatibles, sino mutuamente dependientes.
Colaboración de:
María Paz Acuña-Ruz, PhD, académica Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez
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