El despegue del hidrógeno verde en Chile

“Debemos atrevernos a hacer inversiones a

escalas mayores, de uso intensivo, en mercados

relevantes y de gran impacto para el empleo”

 

 

María Paz de la Cruz

Gerente General H2 Chile

Una de las premisas de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde es poner a Chile como el productor de más bajo precio en el mundo de aquí al año 2030. Para ello, las políticas energéticas de mediano y largo plazo deberán apuntar a la obtención de precios competitivos cuidando a su vez los factores medioambientales y sociales. Esto se podrá lograr con una correcta lectura de esfuerzos de matchmaking de la oferta y demanda entre los distintos actores del mercado local e internacional y una firme apuesta por la consolidación del uso del hidrógeno verde y sus derivados en múltiples aplicaciones y mercados.

 

La rapidez del despegue del hidrógeno verde en el país dependerá de la efectividad y la premura con que las acciones de la Estrategia se implementen y el requerido fortalecimiento de la acción pública y privada sea capaz de generar los resultados que se esperan de una industria que bien podría representar al 2050 lo que hoy representa el cobre para el PIB nacional, si se siguen las proyecciones de múltiples organismos.

 

“Los resultados que se esperan de esta industria

que bien podría representar al 2050 lo que hoy

representa el cobre para el PIB nacional, si se

siguen las proyecciones de múltiples organismos.

 

Las acciones más obvias se centran en la promoción del uso final del hidrógeno verde (el último eslabón de la cadena de valor), instalar más proyectos piloto, potenciar la relación con las energías renovables y desde allí afianzar lo que es la cadena natural del desplazamiento de las otras fuentes de generación de energía -en particular aquellas que utilizan combustibles fósiles para su obtención.

 

La creación de las mesas público-privadas para analizar un precio al carbono que represente las externalidades y a otros impuestos que nivelen la posibilidad de competencia entre el hidrógeno gris y verde, representa un gran avance en términos de creación de demanda para estos productos. Al mismo tiempo hay que recordar que las metas de la Estrategia de H2 verde impulsada por el gobierno al 2025 y 2030 son ambiciosas por lo que no debemos tardar mucho tiempo en ponernos de acuerdo

 

Debemos atrevernos a hacer inversiones a

escalas mayores, de uso intensivo, en mercados

relevantes y de gran impacto para el empleo

 

Adicionalmente, se requiere realizar esfuerzos para implementar una vigilancia tecnológica constante a empresas que estén liderando los desarrollos en electrolizadores, así como también, mirar de cerca la evolución de tecnologías que permitan obtener un suministro más constante de energía para maximizar el uso de esos electrolizadores y así obtener costos de producción de hidrógeno verde más competitivos.

 

El financiamiento anunciado en la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde de 50 millones de dólares es parte de ese esfuerzo en materia de producción, aquí se abordan los aspectos relacionados a la inversión de capital y gastos operativos que, tratándose de proyectos a gran escala, hablamos de montos de billones de dólares. 

 

El almacenamiento y el transporte son dos eslabones de la cadena de valor que van muy de la mano. Realizar esfuerzos para establecer un proyecto piloto de producción de hidrógeno verde de gran envergadura, servirá para gatillar la realización de estudios técnicos y comerciales sobre factibilidades, costos de transporte terrestre y estudios de infraestructura para el suministro de combustibles limpios en el transporte marítimo. De esta forma, se obtendrá la experiencia para seguir desarrollando una economía local del hidrógeno verde y posicionar a Chile como uno de los proveedores más competitivos de este vector a nivel global. Por el momento, es importante dar a conocer a organizaciones internacionales, la potencialidad del país como proveedor mundial y las acciones que se están desarrollando para lograrlo.

 

Pilotajes, experiencias industriales de envergadura real, demanda para impulsar y tensionar la cadena de valor e incentivar el transporte, que el transporte obligue al almacenamiento y que ese almacenamiento requiera nuevamente de producción, eso es lo que tenemos que lograr. Debemos atrevernos a hacer inversiones a escalas mayores, de uso intensivo, en mercados relevantes y de gran impacto para el empleo. 

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