EL MEDIO DIGITAL DE LAS ENERGÍAS SOSTENIBLES

“Existe una contradicción en el corazón de la transición energética originada en el hecho de que, si bien sabemos que los combustibles fósiles son limitados, no renovables y dañinos para el medio ambiente, aún existen grandes volúmenes de reserva de éstos. En efecto, las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía de Estados Unidos (IEA), indican que al 2035, el 64% de la demanda de energía mundial aún será satisfecha por combustibles fósiles”.

“La transición energética debe ser planificada a nivel de cada región, en un plano público-privado vinculante, pues es la forma para lograr despejar la contradicción de los objetivos que se persiguen”.

 

Por: Ana Lia Rojas, Economista Pontificia Universidad Católica de Chile, Especialista en Energía y Mercado Eléctrico

 

Reporte Sostenible, 22 de agosto, 2018

 

Hoy vivimos una transición energética caracterizada por una serie de elementos que cambian la relación entre los agentes del mercado energético, agregando otros que, antes pasivos, serán quienes determinen la forma, origen y destino de consumos de la energía. La transición energética es tanto un proceso como una meta, y se define como el reemplazo de las actuales fuentes, métodos y sistemas de consumo de energía -basados en fuentes no renovables como el petróleo, gas natural y carbón- a un mix más eficiente y con menores emisiones contaminantes.

 

Por distintas razones, muchos países se han sumado a este cambio. Chile no está ajeno a esta transformación energética, por lo que cada vez más líderes del sector energía, autoridades de Gobierno, empresas privadas y la academia, empujan dicho proceso. Chile exhibe una combinación de políticas públicas que, aunque tibias, dan una señal hacia este cambio. Esto sumando a compromisos y programas voluntarios de reconversión de empresas privadas y ciudadanos, han encaminado a nuestro país a la transformación.

 

Además, diversas instancias gremiales o académicas difunden el nuevo modelo energético, relevando que la transición energética está ligada al medio ambiente, calidad de vida y eficiencia energética. Entonces, podríamos fantasear y descansar en la creencia de que la transición energética es sólo cuestión de tiempo y que el reemplazo de fuentes fósiles de generación se hará igualmente, sólo supeditado a ritmos permitidos por la seguridad de operación del sistema y la competitividad de las nuevas tecnologías.

 

Sin embargo, existe una contradicción en el corazón de la transición energética originada en el hecho de que, si bien sabemos que los combustibles fósiles son limitados, no renovables y dañinos para el medio ambiente, aún existen grandes volúmenes de reserva de éstos. En efecto, las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía de Estados Unidos (IEA), indican que al 2035, el 64% de la demanda de energía mundial aún será satisfecha por combustibles fósiles.

 

Entonces, cabe hacerse la pregunta de si estamos o no en el paso, velocidad y estrategia correcta de transición energética que no ha sido planificada ni es vinculante. Y es que la transición energética, no planificada ni consensuada, presenta tres objetivos fundamentales que se persiguen, pero se contraponen entre sí. El primero, el objetivo de la “seguridad”: se debe mantener y garantizar la seguridad energética de forma de satisfacer la demanda actual y futura de energía.

 

Sin embargo, declaramos querer reemplazar las fuentes fósiles existentes, pero como aún están disponibles, incentivan a que muchos países y agentes sigan explotándolas, comercializándolas y consumiéndolas, pues su dotación primaria asegura que la energía estará disponible para el transporte, la generación eléctrica y la calefacción, los tres grandes consumidores de fósiles. He aquí una primera contradicción.

 

El segundo objetivo se relaciona con la “igualdad energética”, lo que implica que la energía debe ser asequible, particularmente en mercados emergentes o en vías de desarrollo, a costos razonables. Esto significa que privados y Estado deben propender a que la energía sea barata y de libre acceso y sin barreras de entrada.  Cuando la transición energética significa realizar inversiones, muchas veces los costos de reconversión o de nuevas instalaciones se convierten en una barrera de entrada o de desigualdad energética. Entonces, cabe preguntarse ¿quién realiza estas nuevas inversiones? Los grandes players del mercado las pueden hacer, pero, ¿y la ciudadanía que no cuenta con recursos para materializar un proyecto de generación propia? ¿Quién apoya y a qué velocidad y alcance? Aquí subyace la segunda contradicción de un modelo no planificado.

 

El último objetivo es que la transición energética debe perseguir la “sustentabilidad ambiental”: lo que implica un estado que es sostenible y manejable en el largo plazo. Pero, en la medida que existan fuentes fósiles, ¿realmente un objetivo medio ambiental se sobrepondrá al objetivo de operación al mínimo costo del sistema, cuando no existen instrumentos de gestión de costos que realmente internalicen y transparenten los costos variables de los combustibles fósiles?

 

Hay varias preguntas que debemos aterrizar: ¿cómo está nuestro país frente a estos objetivos? ¿Es suficiente lo que hace la actual regulación? Si los compromisos de reconversión o descarbonización no son vinculantes ¿debemos quedarnos en este modelo y no propender a hacerlos obligatorios?

 

Creo que es válido impulsar un proceso de transición energética que, primero, debe ser vinculante, estableciendo bases para acuerdos consensuados pero regulados por una supra-legislación. Creo que ésta, a su vez, debe ajustarse a una especificación regional, que obedezca a la planificación territorial propia de cada región. Resumiendo, creo que la transición energética debe ser planificada a nivel de cada región, en un plano público-privado vinculante, pues es la forma para lograr despejar la contradicción de los objetivos que se persiguen.

 

Ana Lia Rojas es Economista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Especialista en Energía y Mercado Eléctrico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Transición energética: las contradicciones de un modelo sin planificación

<
< >
< >
<