EL MEDIO DIGITAL DE LAS ENERGÍAS SOSTENIBLES

Según una columna publicada por el ingeniero civil y experto en energías renovables, Hernán Cortés Baldassano, las fuentes limpias de energía “tienen la capacidad técnica y económica para resolver una obligación ética y moral con el mundo de la ruralidad”, e implementarlas en zonas extremas es una posibilidad real versus los costos de los sistemas convencionales.

 

Publicado el 12 de febrero de 2018

 

Se estima que en Chile existen más de 40 mil viviendas sin acceso a la energía eléctrica, equivalentes a un 5% de la población rural. Esta cifra aumenta considerablemente si es que agregamos predios y unidades productivas de menor tamaño en esos sectores geográficos. Este guarismo nos da una pauta concreta respecto de los déficit existentes en la ruralidad, para llevar a cabo procesos productivos que impliquen desarrollo a los habitantes y potenciales emprendedores de sus comunidades.

 

La falta de energía es consecuencia de las dificultades geográficas y económicas para llevar la red eléctrica a estas viviendas, normalmente ubicadas en zonas extremas del país y establecidas de manera muy distantes entre unas y otras. Entre otras localidades, destacan zonas del altiplano en el norte de Chile, zonas costeras y caletas, islas en el sur y también en varias localidades de la región de Aysén y Magallanes. Es una situación difícil de enfrentar con los sistemas tradicionales de tendidos eléctricos extensos y costosos, empleados hasta la fecha.

 

Ni los gobiernos de turno ni las empresas privadas, invertirán enormes sumas de dinero para alimentar a unas pocas viviendas o villorrios. Sin embargo, la solución está en nuestras manos, me refiero a las actuales tecnologías renovables. Los costos de la generación fotovoltaica y eólica han bajado a niveles tales que, son más baratas que los actuales costos de la electricidad termoeléctrica, y mucho menos costosas que los sistemas que deben utilizarse a falta de red, como son los generadores eléctricos contaminantes, cuyo insumo son la bencina o el petróleo diésel. Considerando que una vivienda promedio pudiera demandar unos 100 kW/hr mensuales, podríamos señalar que en términos económicos esa vivienda requeriría una inversión de unos $2 millones en equipos, los que con una capacitación adecuada, podrían ser instalados por los propios beneficiarios.

 

Esto significa que en términos globales se requerirían unos US$ 140 millones, monto con el que estas zonas aisladas podrían disponer de electricidad. Más que merecido este beneficio, considerando que estos compatriotas son precisamente quienes hacen verdadera soberanía en nuestro país, y que son gente esforzada que intenta desarrollar actividades productivas bajo condiciones muy desmejoradas.

 

Reporte de El Longuino

 

Energías renovables ayudarían al desarrollo de zonas rurales y extremas de Chile

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